Artículos de prensa

Por
Andrés Cañizalez
Fecha
04/05/2013

Diario Tal Cual

Publicado el 04/05/13

Entre los documentos recuperados por las autoridades norteamericanas en el Berlín del año 1945, hay cerca de 6.800 páginas de un manuscrito sin duda dictado por Goebbels, el ministro de Propaganda, escrito en forma de diario que abarca, en diversos lapsos, el período entre el 21 de enero de 1942 y el 9 de diciembre de 1943. Todo cuanto se supone, en resumidas cuentas, es que el manuscrito refleja, más o menos fielmente, la estrategia y la táctica propagandística de Goebbels, y es una orientación conveniente con respecto a sus voluminosos materiales propagandísticos. Para escribir estas líneas resultó indispensable la revisión del texto de Leonard W. Doob. En español forma parte de un compendio que hizo Miquel de Moragas en 1993 (Sociología de la comunicación de masas. III Propaganda política y opinión pública), pero fue publicado originalmente con el título  “Goebbel´s Principles of Propaganda”, en Public Opinión Quarterly, 1950. 

 

Pasamos a ver algunos de los principios de Goebbels. La propaganda debe ser planeada y ejecutada por una sola autoridad: Este principio seguía la línea de la teoría nazi de la centralización autoritaria, y también la del ansia de poder que sentía Goebbels. Pensaba que un sola autoridad -él- debía realizar tres funciones: a) Emitir todas las directrices de la propaganda: Todo fragmento de propaganda debía expresar un contenido político, y la política quedaba bien clara en las directrices. b) Explicar las directrices de la propaganda a los funcionarios importantes y mantener su moral: Si no se facilitaba una explicación acerca de la política propagandística a aquellos funcionarios que, formal o informalmente, cumplían las directrices, no cabía esperar que actuaran con eficacia y buena gana. c)  Supervisar las actividades de otras agencias que tengan consecuencias propagandísticas: “Yo creo -dijo Goebbels a Hitler- que, cuando se crea un ministerio de Propaganda, todas las cuestiones que afecten a la propaganda, las noticias y la cultura dentro del Reich y en las zonas ocupadas deben estar subordinadas al mismo”.

 

La propaganda debe afectar a la política y a la acción del enemigo: La propaganda era considerada como un arma de guerra, aunque Goebbels nunca empleó el término “guerra psicológica” ni el de “guerra política”. Aparte de socavar la moral del enemigo, creía que la propaganda podía afectar a la política y acciones de los jefes enemigos de cuatro maneras: a) Suprimiendo el material propagandístico capaz de facilitar al enemigo informaciones útiles. b) Difundiendo abiertamente propaganda cuyo contenido o tono conduzca al enemigo a sacar las conclusiones deseadas. c) Incitando al enemigo a revelar informaciones propias de carácter vital. d) Absteniéndose de toda referencia a una actividad que perjudique al enemigo cuando ella pudiera desacreditar tal actividad.

 

Para ser percibida, la propaganda debe suscitar el interés de la audiencia y debe ser transmitida a través de un medio de comunicación que llame poderosamente la atención. Este principio se explica por sí mismo, en Venezuela el medio que reúne mayor audiencia es la televisión. Sólo la credibilidad debe determinar si los materiales de la propaganda han de ser ciertos o falsos: La postura moral de Goebbels en el diario era bien decidida: el decía la verdad y sus enemigos contaban mentiras. Para el maestro nazi de la propaganda “las mentiras eran útiles cuando no podían ser desmentidas”.

 

Los posibles efectos de la comunicación determinan si los materiales propagandísticos deben ser censurados: Goebbels no tenía el menor escrúpulo respecto al uso de la censura. “La política de las noticias -aseveró- es una arma de guerra; su propósito es el de hacer la guerra y no el de dar información”. La política usual consistía en suprimir materiales considerados como indeseables para el consumo alemán, pero emplearlos simultáneamente en propaganda exterior si eran apropiados al respecto. La propaganda negra debe ser empleada con preferencia a la blanca cuando esta última sea menos creíble o produzca efectos indeseables. Por propaganda “negra” Goebbels entendía aquel material cuya fuente quedaba oculta para la audiencia.

 

La propaganda debe estar cuidadosamente sincronizada: Goebbels siempre se enfrentaba al problema táctico de sincronizar su propaganda con la mayor eficacia. Por ello se planteaba que a) La comunicación debe llegar a la audiencia antes que la propaganda competidora. b) Una campaña propagandística debe comenzar en el momento óptimo. c) Un tema propagandístico debe ser repetido, pero no más allá del punto en que disminuya su efectividad. La propaganda debe etiquetar los acontecimientos y las personas con frases o consignas. Para alcanzar tal objetivo: a) Deben suscitar las respuestas deseadas que la audiencia posee previamente. b) Deben poder ser aprendidas con facilidad. c) Deben ser utilizadas una y otra vez, pero sólo en las situaciones apropiadas. d) Deben ser a prueba de efectos bumerang.

 

Finalmente, para Goebbels la propaganda debe facilitar el desplazamiento de la agresión, especificando los objetivos para el odio. Goebbels tuvo pocas satisfacciones positivas que ofrecer a los alemanes durante el período de adversidades abarcado por el diario (1942-43). Esta técnica, en general, consistió en desplazar la agresividad alemana hacia algún grupo marginal. Los objetivos favoritos del odio eran los “bolcheviques” (como llamaba a los comunistas de la entonces Unión Soviética) y, obviamente, los judíos.

 

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Por
Andrés Cañizalez
Fecha
09/03/2013

La muerte de Hugo Chávez pone punto final a su vida, como ser humano, pero en términos político-comunicacionales conviene preguntarse si implica el cierre de un ciclo gubernamental que en su momento denominamos la presidencia mediática. Si se revisa la historia contemporánea de América Latina no encontramos puntos de comparación en lo que hizo el presidente venezolano en materia mediática. Se trató del uso intenso y extendido de los medios de comunicación, especialmente radioeléctricos, sin precedente alguno por parte de un mandatario. Chávez supo potenciar su carisma personal y lo convirtió en una política de Estado, con lo cual la principal fortaleza de la gestión comunicación de su gobierno resultó ser su propia figura.

Chávez ha muerto pero deja, entre otras herencias, un modelo comunicacional que va más allá de su persona. Si bien la figura personal del jefe de Estado fue el pivote de los mensajes gubernamentales en todos estos años, esto también fue posible al establecimiento de un modelo hegemónico en el campo comunicacional, que por lo demás le sobrevive.

Aún cuando Chávez ya no esté las cadenas prosiguen de forma abusiva y arbitraria. Los días recientes han sido una muestra de cómo se manejan las cadenas nacionales de radio y televisión sin una genuina política de Estado, poniendo los mensajes de transmisión obligatoria a favor de una parcialidad política. Es previsible suponer que Nicolás Maduro, en su rol de presidente y buscando el voto popular, haga un uso reiterado de este mecanismo, ya que eso le permitiría monopolizar la palabra pública. En esta primera etapa, dentro de la estrategia oficial de mitificar a Chávez, las cadenas girarán en torno al enaltecimiento del líder, para pasar seguidamente a estar al servicio de la campaña electoral que buscará perpetuar en el poder al chavismo.

Los medios de comunicación del Estado serán la correa de transmisión en el proceso de mitificar a Chávez. A partir de 2007, especialmente, se puso en evidencia el culto a la personalidad en los medios de comunicación de carácter oficial. La totalidad de las obras de gobierno se presentaban, sencillamente, como inspiradas u ordenadas por Chávez, al tiempo que las alocuciones presidenciales se repetían de forma incesante en la programación radioeléctrica oficial. Durante los meses de ausencia presidencial, mientras era tratado en Cuba, la política de la radio y televisión gubernamental insistió en mantener viva la imagen de Chávez mostrándole en acción con imágenes de archivo, con lo cual la audiencia hasta podría formarse la idea de que el comandante era quien seguía mandando. En el proceso de mitificación en marcha se exaltará cada una de las decisiones/acciones de Chávez, se explotarán los testimonios populares que evidencien la fuerte conexión caudillo-pueblo y cada una de las determinaciones oficiales se presentarán como inspiradas por el líder. El papel de la televisión oficial, un sistema también sin puntos de comparación por el número de medios administrados por el Estado y creado por Chávez, será determinante en este proceso.

Otro aspecto que no cambiará en el corto plazo, si nos guiamos por los reiterados señalamientos de Elías Jaua hacia los medios privados durante los funerales de Chávez, será la permanencia en el tiempo de una sistemática campaña para descalificar a quienes ejercen la crítica pública desde el espacio mediático. Chávez instauró una suerte de escuela en el alto gobierno que opera de forma sencilla y eficaz. Cualquier entuerto oficial rápidamente se presenta como obra de una matriz mediática de la derecha, y eso tendrá más fuerza ahora, en el discurso gubernamental, en la medida en que la ineficiente gestión pública se escudará detrás de la mitificación de Chávez, que como cualquier mito terminará convirtiéndole en un hombre infalible.

Finalmente, en medio del deceso de Chávez se ha evidenciado, una vez más, la alineación del resto de poderes públicos con el poder ejecutivo. En materia de medios y libertad de expresión el modelo que dejó la presidencia de Chávez en manos de sus herederos políticos deja casi ningún espacio ante el cual acudir para contraponerse a los desafueros gubernamentales. El Tribunal Supremo de Justicia, la Fiscalía General de la República y la Defensoría del Pueblo, que podrían jugar un genuino rol de contrapeso y en esa dirección canalizar acciones para que exista un genuino clima de respeto al libre flujo de opiniones e informaciones, en realidad terminan siendo el cerrojo institucional en aras de consolidar el modelo político comunicacional.

Chávez ya no está, pero la presidencia mediática o ahora deberíamos decir el gobierno mediático del chavismo, está vivo.

Por
Andrés Cañizalez
Fecha
20/04/2013

Durante la breve campaña electoral (2-11 de abril) que condujo a la elección presidencial en Venezuela este 14 de abril, el presidente encargado Nicolás Maduro no hizo uso de las cadenas nacionales de radio y televisión. Se trató de una respuesta ante las presiones de diverso tipo que se ejercieron y terminó siendo un aspecto resaltante de la campaña. En los días previos a la campaña oficial Maduro tuvo un promedio de 26 minutos diarios de cadenas nacionales de radio y televisión.

Tras el día de la elección y en clara demostración de cómo las cadenas nacionales de radio y televisión no se usan para fines de Estado, sino de una parcialidad política, el señor Maduro ha hecho uso reiterado de este mecanismo, incluso para sacar del aire declaraciones del líder opositor Henrique Capriles Radonski.

Volvamos a la campaña. Si bien el señor Maduro durante esos breves días no apeló a las cadenas nacionales de radio y televisión, tuvo en la señal de Venezolana de Televisión (VTV) una vitrina comunicacional sin límites. Debe recordarse que VTV es la principal señal del Estado con cobertura total del territorio nacional, sus transmisiones durante la campaña –además- fueron replicadas por la red oficial de radio y televisión.

Entre el 2 y 12 de abril, VTV transmitió 4.226 minutos de alocuciones e intervenciones del candidato oficial y escasamente le dedicó 23 minutos al aspirante de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), Henrique Capriles Radonski. Maduro, en promedio, habló 6 horas y 24 minutos cada día de la campaña a través de la señal oficial, cuyo eslogan es “el canal de todos los venezolanos”. Sin embargo, la campaña dejó al descubierto un uso absolutamente desequilibrado por parte de esta televisora. Debe decirse, lamentablemente, que no es algo nuevo pero en ésta ocasión resultó más parcializado que nunca.

Junto a la ausencia de cobertura para los actos e intervenciones de Capriles Radonski, a través de la principal televisora del Estado venezolano, hubo una cobertura sesgada. Los propios periodistas de esta planta se referían a Maduro como “el candidato de la patria” y al aspirante de la MUD como “el candidato de la derecha”, de forma recurrente en sus transmisiones periodísticas.

Un ejemplo emblemático de cómo opera VTV en su rol de canal propagandístico lo tuvimos el día 15 de abril, un día después de las elecciones. A primera hora de la tarde Capriles Radonski ofrece explicaciones sobre su decisión de solicitar el reconteo de votos y anuncia un plan de protestas cívicas (el derecho a la protesta pacífica está contemplado en la constitución nacional, por cierto). Mientras lo que dice Capriles Radonski lo transmite Globovisión, en VTV se colocan imágenes de hechos violentos del período 2002-2003. Apenas termina la transmisión de Capriles, que VTV nunca transmite, una “periodista” sale al aire por el canal oficial y le pregunta al diputado oficialista Darío Vivas “qué opinión le merece el llamado a la violencia fascista que acaba de hacer el candidato derrotado de la derecha”. Con preguntas de ese tono me es difícil considerar periodista a la persona que hizo la pregunta. Me reservaré su nombre.

En los días posteriores al 14 de abril, VTV ha mantenido sistemáticamente una operación propagandística de descrédito hacia Capriles Radonski, la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) y la solicitud ciudadana de revisar voto a voto. Ha presentado hechos de violencia (que deben ser investigados para establecer responsabilidades) automáticamente como obra de la oposición. “Guarimba caprilista”, así bautizó el “canal de todos los venezolanos” a la manifestación ciudadana de la mitad de la población de este país.

Anclados en los códigos del período 2002-2003, al igual que el señor Maduro, VTV juega a promover la violencia cuando desconoce el peso político que hoy tiene la MUD gracias al voto popular. Su programación periodística, como lo señalamos en la campaña de octubre cuando hicimos seguimiento detenido a sus programas de opinión, resulta tan sesgada que ni siquiera le da voz y visibilidad a los aliados del gobierno (PCV, Redes, Tupamaros, etc). Durante el “madurismo” esto se ha exacerbado.

En las próximas semanas, es de esperarse, VTV seguirá promoviendo sin límites al señor Maduro, casi seguramente con la inauguración de obras que ya fueron inauguradas (operación mentira), como hemos visto en días recientes, y lo peor es que junto a esto se hará más intenso el linchamiento moral de la dirigencia opositora. Mario Silva debe estar feliz, ha logrado que su inefable programa termine impregnando a toda la programación del principal medio del Estado.

Por
Andrés Cañizalez
Fecha
11/05/2013

La pregunta, que por mi condición de estudioso de medios, se hizo recurrente en los últimos días tiene que ver justamente con tu designación Vladimir como director del canal de noticias Globovisión. ¿Qué opinas de la entrada de Villegas a Globovisión? Me han preguntado con frecuencia. Debo decirte que estás posiblemente en una de las posiciones que serán más observadas en este tiempo en Venezuela. La trama compleja que se teje entre los medios de comunicación y el poder político-económico no es un asunto nuevo en el país ni exclusivo de Venezuela, pero sin duda aquí adquiere algunas características particulares.

Vladimir, llegas a dirigir la única ventana de expresión televisiva que claramente tenía una orientación abiertamente crítica hacia el régimen, en un momento en el cual los propietarios salientes terminaron siendo doblegados para deshacerse del medio. Llegas a dirigir un canal de noticias con una trayectoria claramente de oposición, que deberá llevar su propia transición cuando en el país se observa lo que sin duda es una transición: por primera vez en 14 años se reconstituye una nueva mayoría gracias al voto popular y al liderazgo de Henrique Capriles Radonski. Mayoría política que, por cierto, está siendo invisibilizada y descalificada de forma recurrente por el aparato de propaganda oficial que dirige nada menos que tu hermano Ernesto.

La siguiente pregunta que me han hecho de forma reiterada en los últimos días es si te conozco o si soy amigo tuyo, Vladimir. Mi respuesta es invariable. No somos amigos, te he visto en contadas ocasiones, no recuerdo que me hayas hecho alguna entrevista por ejemplo, pero en general tengo una buena opinión de tu desempeño como periodista, especialmente cuando decidiste regresar a la trinchera periodística tras tu paso por el gobierno. Te defino como un tipo de izquierda que piensa con cabeza propia. Eso te convierte en un bicho raro en nuestro país, dado el contexto de alineaciones políticas e ideológicas diríamos que automáticas con el que se vive el presente venezolano, incluso por el sector pensante de la sociedad.

Una anécdota que me tocó personalmente me confirmó tu vocación tolerante, a fin de cuentas demócrata. Estando tú aún en funciones como vicecanciller un periodista te buscó la lengua, en un programa de radio, en torno a la condición de “agente del imperio” que se me endilgaba a mí en una campaña feroz desde los medios oficiales. Fuiste categórico, aún siendo funcionario, para desmarcarte y sostener que si bien yo era (y sigo siéndolo) un crítico del chavismo, eso no me hacía menos venezolano. No te expresé nunca mi agradecimiento, lo hago ahora, y justamente me animé a contar esta vivencia personal para poner de relieve tu condición de una persona con independencia de criterios. Esto es bastante relevante en la medida en que tu designación como director de Globovisión se entiende como una “jugada política” de parte de los nuevos propietarios del medio, que si bien pueden apostar a cambios en el canal de noticias, tales transformaciones no deben ser bruscas. A fin de cuentas Globovisión es un negocio y los nuevos dueños no habrán comprado un medio de comunicación para acabar con éste.

Por allá por el período 2007-2008, una vez que cesó la señal de RCTV, sostuve muchas discusiones con colegas especialmente extranjeros y con más de un corresponsal internacional. En general prevalecía la idea de que se iba a producir un cierre automático de Globovisión tras la salida al aire del canal de Quinta Crespo. Desde entonces sostuve que no creía, con total sinceridad, que el gobierno de Hugo Chávez repetiría una estrategia que tuvo costos altos tanto a nivel interno como externo. En el año 2009 escribí que contra Globovisión se aplicaría una estrategia de desgaste (sanciones, inspecciones, procesos judiciales y tributarios, ataques contra sus periodistas e instalaciones), que en el fondo buscaría variar la línea editorial de este medio. En ese momento también hice públicas mis opiniones en las que planteaba que la mejor defensa que podría tener Globovisión ante la maquinaria del Estado era precisamente ser un canal plural, en el cual el chavismo crítico y el ciudadano de a pie (sin importar su bandera política) encontraran también un altavoz para sus posiciones y cuestionamientos. Terminar colocándose como el canal de la oposición no le hacía bien a Globovisión, ni entonces ni ahora.

Recapitulo todas estas consideraciones, Vladimir, porque justamente llegas a la dirección de Globovisión en un momento de cambios y sobretodo de expectativas. El que hagas llave con Leopoldo Castillo ha sido interpretado precisamente como una decisión política. Y aquí cabe acotar que el manejo gerencial de un medio de comunicación en la Venezuela actual, es a fin de cuentas es una decisión política. Tu tarea no será fácil, desde mi punto de vista lo que tienes por delante es el tremendo desafío de seguir informando, en una sociedad en la cual el Estado hace mucha propaganda y brinda poca información, al frente de una medio que justamente deberá contribuir a cimentar un nuevo centro político, en el cual confluyan diversidades políticos e ideológicas. Si tienes éxito en tu gestión, y logras mantenerte en el tiempo (otro desafío sin duda), habrás hecho una enorme contribución a Venezuela. Yo, en lo personal, te doy un voto de confianza.

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